Radio de coche destrozada
Transmisión mortal en radio

No puedo creer lo que acabo de escuchar por la radio del coche. Zombies. Joder, zombies de verdad. Pensé que era una broma de mal gusto cuando la primera transmisión llegó hace una hora, pero ahora todas las frecuencias están gritando lo mismo.

[RADIO]: Eviten el contacto físico, busquen refugio inmediatamente. Los infectados muestran comportamiento extremadamente agresivo.

Me tiemblan tanto las manos que apenas puedo escribir esto. Estoy en el coche, aparcado en una gasolinera a las afueras de esta ciudad catalana, cuyo nombre ni siquiera recuerdo bien. Vine aquí por el caso del culto, una investigación rutinaria del FBI que ahora parece una puta broma del destino.

Gasolinera desierta nocturna
Gasolinera desierta y lúgubre

El mundo se está yendo a la mierda y yo estoy aquí solo, a cientos de kilómetros de casa, sin saber si mi familia está viva o muerta. La transmisión de emergencia que acabo de escuchar decía que todo empezó en algún laboratorio del CDC. Un brote, una fuga, algo que se salió de control.

Los primeros casos aparecieron esta madrugada en varias ciudades españolas, simultáneamente Barcelona, Madrid, Valencia, todas reportando lo mismo. Gente atacando a otra gente, mordiéndolos, devorando los vivos y los muertos que se levantan. Cristo santo. Los muertos que se levantan y siguen atacando. Mi cerebro se niega a procesarlo completamente. 20 años en el FBI. He visto de todo, pero esto, esto no puede estar pasando.

. . . * . . .

Pero las voces en la radio suenan demasiado desesperadas, demasiado reales. Una de las últimas transmisiones era de un periodista en Barcelona que gritaba mientras algo perseguía. Se cortó con un sonido que no quiero recordar. Acabo de intentar llamar a Sara y a los niños por quinta vez. Nada. Las líneas están saturadas o cortadas.

Carretera solitaria con niebla
Carretera desolada hacia Cataluña

El último mensaje que conseguí enviar fue hace dos horas. Estoy bien. Quedaos en casa. No salgáis por nada. Ni siquiera sé si lo recibieron. La pantalla del móvil está agrietada porque lo tiré contra el salpicadero cuando escuché la primera transmisión. Pensé que era una puta broma. Ahora me doy cuenta de que debería haber salido corriendo hacia Madrid inmediatamente, pero algo me mantiene aquí. Tal vez sea la curiosidad profesional, tal vez sea el miedo de lo que pueda encontrar en la carretera.

Los informes hablan de atascos masivos, de gente abandonando los coches y corriendo a pie, de incidentes en las autopistas. No especifican qué tipo de incidentes, pero mi imaginación está llenando los huecos de la peor manera posible. La gasolinera está desierta, pero las luces siguen encendidas. Entré hace 10 minutos para robar agua y algo de comer y el dependiente no estaba. La caja registradora estaba abierta, billetes esparcidos por el suelo, como si alguien hubiera salido corriendo a mitad de una transacción.

Interior de gasolinera oscura
Interior de tienda ensangrentada

Hay una mancha oscura en el suelo detrás del mostrador que no quiero examinar demasiado de cerca. Cogí lo que pude, agua, latas de conserva, pilas y dejé dinero en el mostrador. Qué irónico seguir siendo honesto cuando el mundo se está acabando, pero necesito aferrarme a algo normal, algo que me recuerde que sigo siendo humano. El silencio aquí es ensordecedor. Solo se oye el zumbido de los fluorescentes y el viento moviendo las bolsas de plástico en el aparcamiento. Cada sombra me hace saltar, cada ruido me pone la mano en la pistola.

Acabo de ver algo que me ha helado la sangre. Por el retrovisor, a unos 200 m, hay una figura que camina de forma extraña por la carretera. Se tambalea como si estuviera borracha, pero hay algo en su postura que no es natural. Los brazos le cuelgan de manera rara, la cabeza ladeada en un ángulo que me hace doler el cuello solo de mirarlo. No puedo ver bien desde aquí, pero juraría que lleva la ropa desgarrada y manchada.

Figura grotesca en la carretera
Encuentro con la primera criatura

Se mueve despacio, pero con una determinación que me pone los pelos de punta. No sé si es una persona herida que necesita ayuda o si es una de esas cosas de las que hablan en la radio. Mi entrenamiento me dice que debería acercarme a ayudar, pero cada instinto de supervivencia que tengo me grita que arranque el coche y me largue de aquí ahora mismo. Las manos me sudan tanto que se me resbala el bolígrafo. La figura se ha acercado más. Definitivamente no es normal. Arrastra una pierna y tiene algo colgando del brazo izquierdo que parece carne. Carne desgarrada.

Acabo de arrancar el motor y el ruido ha hecho que levante la cabeza hacia mí. Incluso desde esta distancia puedo ver que algo está terriblemente mal con su cara. Está demasiado pálida, demasiado gris y hay manchas oscuras alrededor de la boca que podrían ser sangre. Cuando me ha mirado, ha empezado a moverse más rápido, no corriendo, pero con más urgencia, como si hubiera detectado mi presencia, como si tuviera hambre. Estoy saliendo de aquí ahora mismo. No sé a dónde voy, pero no puedo quedarme aquí.

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La radio sigue crepitando con transmisiones fragmentadas, voces desesperadas pidiendo ayuda, coordenadas de refugios que probablemente ya no existen. Estoy conduciendo hacia la ciudad donde se suponía que iba a investigar el culto. Es una decisión estúpida, lo sé, pero necesito respuestas. Necesito entender qué coño está pasando. Los informes mencionaron algo sobre un laboratorio del CDC, experimentos que salieron mal. Si ese culto estaba involucrado de alguna manera, tal vez pueda encontrar pistas sobre cómo empezó todo esto. O tal vez solo me estoy engañando a mí mismo porque la alternativa es aceptar que el mundo se ha vuelto loco y que no hay nada que pueda hacer al respecto.

Pueblo pequeño en llamas
Pueblo en llamas y caos

La carretera está extrañamente vacía para hacer media tarde. Solo he visto tres coches en los últimos 20 km, todos abandonados en la cuneta. Uno de ellos tenía las ventanillas rotas y manchas rojas en el asfalto alrededor. No me paré a investigar. Mi tanque de gasolina está a tres cuartos. Tengo agua para dos días y munición suficiente, pero no tengo ni idea de para qué me estoy preparando.

Acabo de pasar por un pueblo pequeño y he visto humo negro elevándose desde el centro. Mucho humo, como si hubiera varios incendios al mismo tiempo. He reducido la velocidad para echar un vistazo y he visto figuras moviéndose entre las llamas, figuras que se movían de esa manera extraña y antinatural que ya estoy empezando a reconocer. Una de ellas estaba completamente en llamas, pero seguía caminando como si no sintiera dolor, como si ya no fuera humana. He pisado el acelerador y he salido de ahí tan rápido como he podido. El olor a carne quemada se me ha metido en el coche a pesar de tener las ventanillas cerradas.

Sigo escribiendo esto porque necesito mantener la mente ocupada, necesito procesar lo que estoy viendo. Pero cada palabra que escribo hace que todo esto sea más real, más aterrador. En una hora estaré en esa ciudad catalana. No sé qué voy a encontrar allí. Pero algo me dice que va a ser mucho peor que todo lo que he visto hasta ahora.

Ciudad catalana bloqueada por coches
Ciudad bloqueada por vehículos abandonados

Estoy llegando a la ciudad y lo que veo me está destrozando por dentro. Las calles principales están bloqueadas por coches abandonados, algunos todavía con las puertas abiertas y las llaves puestas. Hay maletas y bolsas esparcidas por todas partes, como si la gente hubiera salido corriendo llevando solo lo que podía cargar. Una silla de bebé volcada en medio de la plaza me ha hecho parar el coche y vomitar en la cuneta. No puedo dejar de pensar en mi hijo pequeño. En siara habrá conseguido sacarlo de la guardería a tiempo.

Las ventanas de las tiendas están rotas, pero no parece que haya sido por saqueos normales. Los cristales están rotos desde adentro hacia afuera, como si algo hubiera intentado salir con desesperación. Hay manchas de sangre en varios escaparates, huellas de manos ensangrentadas que se arrastran hacia abajo por el cristal. El silencio es lo más aterrador de todo. Una ciudad de 15,000 habitantes y no se oye ni una mosca. He aparcado el coche cerca de lo que parece ser el ayuntamiento y estoy explorando a pie.

Cafetería destruida con restos
Interior de cafetería destrozada

Cada paso que doy resuena como un disparo en este silencio mortal. Llevo la pistola desenfundada y el dedo en el gatillo, pero mis manos tiemblan tanto que no sé si podría acertar a nada aunque quisiera. Acabo de entrar en una cafetería y la escena me ha revuelto el estómago otra vez. Hay mesas volcadas, sillas rotas y en el suelo restos, restos humanos que han sido masticados. No hay otra palabra para describirlo. Huesos con marcas de dientes. Girones de ropa empapados en sangre seca. El olor es indescriptible. Una mezcla de hierro oxidado y carne podrida que se me pega a la garganta.

He encontrado un móvil en el suelo todavía encendido con la última llamada realizada a las 08:47 de esta mañana. Hace apenas 6 horas este lugar era normal. La gente desayunaba aquí, hablaba del tiempo, se quejaba del trabajo. Ahora es una carnicería. Estoy siguiendo un rastro de sangre que sale de la cafetería y se dirige hacia el centro de la ciudad. No sé por qué lo hago. Mi cerebro me grita que me dé la vuelta y me largue, pero necesito entender qué pasó aquí.

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El rastro es irregular, como si algo herido hubiera estado arrastrándose, pero hay huellas de pasos mezcladas que no siguen un patrón normal. Algunas pisadas están superpuestas, como si hubieran caminado por el mismo sitio una y otra vez sin rumbo fijo. He pasado por delante de una farmacia con la puerta arrancada de cuajo, literalmente arrancada, como si algo con una fuerza sobrehumana la hubiera destrozado desde dentro. Los medicamentos están esparcidos por el suelo, pero curiosamente no faltan los analgésicos ni los narcóticos, solo han desaparecido los antibióticos y las vendas, como si alguien hubiera sabido exactamente qué necesitaba para tratar heridas de mordeduras.

Callejón oscuro con figura deforme
Acechando en el callejón oscuro

Acabo de escuchar algo que me ha paralizado. Un gemido bajo gutural que viene de algún lugar cercano. No suena humano, pero tampoco animal. Es algo intermedio, algo que me eriza cada pelo del cuerpo. Me he escondido detrás de un coche volcado y estoy intentando localizar el origen del sonido. Viene de un callejón estrecho entre dos edificios donde las sombras son más densas. Puedo ver una figura moviéndose allí dentro, tambaleándose de una pared a otra. Lleva lo que parece ser un uniforme de enfermera, pero está desgarrado y manchado de algo oscuro.

La figura se mueve de esa manera antinatural que ya he visto antes, como si sus articulaciones no funcionaran correctamente. Cada pocos segundos emite ese gemido horrible, como si estuviera en dolor constante, pero no pudiera expresarlo de manera humana. No sé si debería acercarme o salir corriendo. Mi entrenamiento me dice que podría ser una superviviente herida, pero todo mi instinto me grita que es una de esas cosas.

Enfermera infectada atacando
Enfermera convertida en monstruo

La figura ha salido del callejón y ahora puedo verla claramente. Es una mujer o era una mujer. Su cara está gris y hinchada, con los ojos completamente blancos. Tiene la boca abierta y puedo ver que le faltan varios dientes, pero los que quedan están manchados de sangre. Camina arrastrando los pies, pero cuando me ve agachado detrás del coche, algo cambia en sus comportamiento. Sus movimientos se vuelven más urgentes, más decididos. Empieza a caminar hacia mí con los brazos extendidos, emitiendo ese gemido que ahora suena más como hambre que como dolor.

He disparado, no he podido evitarlo. El primer disparo le ha dado en el hombro y la ha hecho tambalearse, pero no se ha caído. Ha seguido avanzando como si nada. El segundo disparo le ha dado en el pecho y tampoco la ha detenido. Solo cuando el tercer disparo le ha reventado la cabeza se ha desplomado como un saco de patatas. Estoy temblando incontrolablemente. Acabo de matar a una persona o a lo que era una persona.

. . . * . . .

El ruido de los disparos ha atraído más gemidos desde diferentes direcciones. Puedo escuchar al menos tres o cuatro voces distintas, todas emitiendo ese sonido gutural y hambriento. Se están acercando. Tengo que moverme, pero mis piernas no me responden. Estoy en shock mirando el cuerpo de esa mujer. Esa cosa que acabo de matar. La sangre que sale de su cabeza destrozada no es roja normal, es más oscura, casi negra, y tiene una consistencia extraña, como si estuviera coagulada, pero siguiera fluyendo. No huele como sangre normal tampoco. Huele a podredumbre, algo que lleva días muerto, pero se movía, caminaba, me perseguía. Los muertos no hacen eso. Los muertos no pueden hacer eso. Pero aquí estoy mirando la evidencia de que todo lo que creía saber sobre la vida y la muerte es una mentira.

Clínica médica rodeada de infectados
Clínica sitiada por horda zombie

Las voces se acercan más. Tengo que moverme ahora. He corrido hasta un edificio que parece ser una clínica médica y me he encerrado dentro. Las puertas son de cristal reforzado y puedo ver la calle desde aquí. Han aparecido más de esas cosas, cinco, seis, tal vez más. Todas se mueven de la misma manera antinatural. Todas emiten esos gemidos horribles. Algunas llevan ropa de trabajo, otras van en pijama como si hubieran sido sorprendidas en sus casas. Una de ellas es un niño, un jodido niño de no más de 10 años con el uniforme del colegio desgarrado y manchado de sangre. Verlo me ha roto algo por dentro. Está caminando con el mismo propósito hambriento que los adultos, con los mismos ojos blancos y muertos. ¿Qué clase de infierno es este? ¿Qué clase de enfermedad puede hacer esto a un niño? Están rodeando el edificio ahora, golpeando las ventanas con las manos, dejando manchas de sangre en el cristal. No parecen tener la inteligencia para abrir puertas, pero su persistencia es aterradora.

Estoy en el segundo piso de la clínica, escondido en lo que parece ser un despacho médico. He encontrado algunos suministros, vendas, desinfectante, analgésicos. También he encontrado algo más perturbador, un informe médico fechado de ayer por la noche que habla de pacientes con síntomas de rabia atípica y comportamiento extremadamente agresivo tras la muerte clínica. La doctora que lo escribió, una tal doctora Nuria Soler, había documentado tres casos de personas que habían sido declaradas muertas, pero que habían reanimado horas después con impulsos caníbales incontrolables. El informe se corta abruptamente, como si hubiera tenido que parar de escribir de repente. Hay manchas de sangre en las últimas páginas. Esta doctora sabía lo que estaba pasando antes que nadie. Si sigue viva, podría tener respuestas. Pero primero tengo que salir de aquí sin que esas cosas me vean.

Hospital oscuro y abandonado
Hospital abandonado en penumbra

El sol está empezando a ponerse y algo me dice que la oscuridad va a hacer que todo esto sea mucho peor. He conseguido salir de la clínica por una ventana trasera cuando esas cosas se distrajeron con algo en la calle principal. Desde aquí arriba pude ver que había más de ellas de las que pensaba. Docenas, tal vez cientos vagando por las calles como una pesadilla andante. Algunas están en grupos, otras solas, pero todas con ese mismo propósito siniestro. He visto como una de ellas se ha lanzado sobre algo que se movía entre los coches abandonados, un gato, creo, y lo ha despedazado con los dientes y las uñas. El pobre animal ni siquiera tuvo tiempo de maullar. La forma en que esa cosa se ha cebado con él, la voracidad, la falta total de humanidad, me ha hecho vomitar otra vez. Estoy empezando a entender que estas cosas no son personas enfermas, son algo completamente diferente, algo que solo conserva la forma humana, pero que por dentro es pura hambre, pura violencia y están por todas partes.

Estoy siguiendo las calles traseras, manteniéndome en las sombras, buscando algún rastro de la doctora Nuria Soler. Según el directorio médico que encontré en la clínica, vive en un apartamento cerca del hospital. Si sigue viva, si no se ha convertido en una de esas cosas, podría tener información crucial sobre cómo empezó todo esto. El hospital está a solo seis manzanas, pero cada paso es una agonía. Cada sombra podría esconder una de esas criaturas. Cada ruido me hace saltar como un gato asustado. He pasado por delante de una escuela infantil y las imágenes que he visto a través de las ventanas rotas me van a perseguir el resto de mi vida. Pequeños cuerpos inmóviles en el patio, algunos con heridas de mordeduras tan grandes que no puedo seguir escribiendo sobre eso. Solo diré que ahora entiendo por qué la gente huyó tan desesperadamente. Cuando los niños se convierten en monstruos, el mundo pierde todo sentido.

Bloque de apartamentos oscuro
Bloque residencial de la doctora

El hospital está completamente a oscuras, pero puedo ver movimiento en las ventanas. Sombras que se mueven de forma errática, figuras que se tambalean por los pasillos. Hay ambulancias volcadas en la entrada con las puertas traseras abiertas y camillas esparcidas por el aparcamiento. Una de las camillas todavía tiene correas de sujeción rotas, como si algo hubiera luchado violentamente para liberarse. Hay rastros de sangre que van desde las ambulancias hasta la entrada principal del hospital, pero también rastros que salen del edificio como si las cosas que entraron heridas hubieran salido convertidas en algo peor. No voy a entrar ahí ni de coña. Ese lugar es una trampa mortal. Pero el apartamento de la doctora está en el edificio de al lado, un bloque residencial que parece más tranquilo. Al menos desde aquí no veo movimiento en las ventanas. Tal vez tenga suerte. Tal vez ella siga viva y escondida.

He llegado al edificio de apartamentos y la puerta principal está entreabierta. El vestíbulo está destrozado con los buzones arrancados de la pared y cristales rotos por todas partes. Hay manchas de sangre en las escaleras, pero también huellas de pasos normales, como si alguien hubiera subido corriendo recientemente. Estoy siguiendo esas huellas, pistola en mano, conteniendo la respiración en cada rellano. El apartamento de la doctora Soler está en el tercer piso, puerta 3B. Cuando llego veo que la puerta tiene arañazos profundos en la madera, como si algo hubiera intentado entrar a la fuerza. Pero la puerta sigue cerrada y puedo escuchar movimiento dentro. Movimiento silencioso, controlado. No los gemidos guturales de esas cosas.

— ¿Quién es? ¿Está infectado?

Es ella. Está viva.

— Soy el agente Mark Vidal del FBI. He leído su informe médico. Necesito hablar con usted sobre lo que está pasando.

Hay un largo silencio. Luego el sonido de varios cerrojos abriéndose. La puerta se abre apenas una rendija y veo un ojo aterrorizado que me examina de arriba a abajo.

— ¿Tiene fiebre? ¿Alguna herida de mordedura?

Le muestro las manos, los brazos, le aseguro que estoy limpio. Finalmente abre la puerta y me deja entrar rápidamente, cerrando todos los cerrojos detrás de mí. La mujer que tengo delante es joven, tal vez 35 años, con el pelo castaño recogido en una coleta despeinada y los ojos rojos de tanto llorar. Lleva un uniforme de enfermera manchado de sangre, pero no parece ser suya. Sus manos tiemblan mientras me señala una silla.

— Pensé que era la única que quedaba viva en esta maldita ciudad.